Aquel día la lluvia trajo consigo momentos de ternura. Fue una boda íntima en la que no importó la cantidad sino la calidad, no el número de abrazos sino la intensidad de éstos. Pude presenciar la fuerza del amor joven, casi palpar esa mezcla abrumadora a la par de nostalgica que flotaba en el ambiente con cada gesto de Martha o caricia de Alejandro. Y es que dicen que el verdadero amor es eterno y que, sea casual, invitado o intruso, se queda por siempre en un rinconcito del corazón y de ahí no lo sacas, por eso creo que esta pareja tenía un lacito en el suyo preparado para dárselo al otro. Fue un verdadero placer fotografiar a Martha, su soltura y carisma nos ayudaron a sacarle más de una sonrisa a Alejandro, consiguiendo las mejores imágenes a base de felicidad.

En nombre de mi compañera Yoli y del mío propio les deseamos todo lo mejor, mucha fuerza y valor para avanzar, o mejor dicho, sobrevolar el camino de piedras que en algún momento a todos nos toca recorrer. Una vez más gracias por haber compartido conmigo vuestro gran momento, lo mejor empieza ahora.

Un abrazo.

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